La frontera del lenguaje – Kilian Jornet

Siempre he sido un poco torpe para realizar cualquier tipo de actividad física y me ha costado mucho esfuerzo tratar de destacar en cualquier disciplina (física, técnica o intelectual); quizá sea por eso por lo que admiro tanto a aquellos que son capaces de poner en marcha tantas actividades como se les ocurre sin miedo a fracasar…. emprendedores, creo que los llaman por ahí.

De entre ellos, algunos consiguen gestas de reconocimiento mundial pese a no llenar ni cinco minutos de noticias, como Kilian Jornet, que, lejos de ganar el dineral de los últimos nominados a balón de oro, cuenta con el máximo de mis respetos, no sólo por pulverizar incontables récords mundiales y llegar a ser el número 1 en una de las disciplinas que más preparación y esfuerzo mental requiere, sino porque además, es capaz de tratar de dar rienda suelta a otras muchas inquietudes, como la de escribir o pintar.

Por todo esto tuve que comprar y leer rápidamente su último libro, La Frontera Invisible, buscando cierta motivación, o alguna clave para tratar de aproximarme a la polivalencia y fuerza mental de Kilian Jornet. Qué queréis que os diga; partiendo de mi admiración a cualquiera capaz de publicar un libro, y aunque sí que se pueden sacar buenas conclusiones, el libro no es especialmente brillante ni te engancha como otras historias; sin embargo, sí que de vez en cuando, te sorprende con algunas reflexiones más que interesantes:

¿Te das cuenta que el vocabulario de un idioma puede determinar la forma de pensar e incluso de ser de cada pueblo? Los japoneses no utilizan casi nunca la palabra iie, que se traduce por “no”. Siempre le dan vueltas, son un pueblo fuerte en valores y servicial, pero muy dependiente y sometido. En cambio, la lengua inglesa es mucho más directa, con construcciones mucho más cortas. Los ingleses están menos anclados en las tradiciones y son más rápidos para los cambios. Los esquimales son capaces de reconocer miles de colores dentro del blanco, porque cada tonalidad se designa con un nombre diferente.

Somos lo que pensamos, y pensamos a través del lenguaje, y si nuestro lenguaje no contiene una palabra, no será esta la que no existirá, sino lo que significa será invisible a nuestros ojos.

Lo que no comprendo es cómo puede ser que utilice la misma palabra libertad para explicar lo que puedo sentir al salir de la cárcel, lo que siento al correr por una cresta en medio de los fiordos noruegos o lo que siento al poder decir lo que pienso sin miedo a represalias. ¿Cómo puede ser que sólo exista la palabra amor para expresar lo que siento por mis amigos, por mi madre, por ti, y en cambio pueda decir revólver, pistola, fusil, carabina, trabuco, automática, arcabuz, mosquete o rifle para un arma de percusión?

Y a raíz de ésta reflexión de Kilian Jornet, yo me pregunto: ¿Cómo puede haber una sola palabra para hablar de emprendedores?

Desde aquí, quiero buscar colaboradores para tratar de ampliar el espectro, y poder poner nombre a la diferente tipología de emprendedores, en función de su edad, tipo de empresa, perspectivas, motivaciones, sectores…. os atrevéis? nos atrevemos? o no? o, vosotros qué pensáis?

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